Una "bandita" de adolescentes viaja en el furgón el domingo a la tarde. Cinco varones y dos chicas: Hay uno más chico que el resto al que llaman "Pato" o "Chucky". Todos con el pelo corto a lo Daddy Yankee, gorritas con visera, bermudas holgadas, altas llanta, camisetas de la NBA o de fútbol. Toman vino de cartón en un chopp de cerámica que pasa de mano en mano. Se ríen, cuchichean, levantan la voz un poco. No parece que esten molestando a nadie. La formación para en la estación Martínez y de la nada aparecen dos canas y los bajan del vagón a castañazo puro, les pegan uno por uno en la nuca mientras les ordenan "¡Vamos! ¡Abajo!! Bajen!!!". Son sopapos sonoros que semejan los de un padre sacado. Una vez en el andén los hacen parar abiertos de piernas con las manos en la pared, uno se da vuelta para decir algo y recibe un bife en el brazo "Date vuelta!" Empiezan a revisarle los bolsillos y las medias mientras el tren cierra sus puertas, arranca y se aleja.
Los pasajeros comentan entre ellos la escena son tono aprobatorio, justifican, casi se alegran por lo que acaba de ocurrir.
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