Llueve. Se oye la lluvia y el canto de los pájaros. El día que comienza se adivina fresco.
Yo me levanto de la cama, ya despierto desde hace un rato, descansado y con toda felicidad.
Es verdad: el cuerpo está bastante cansado y la mente y el espíritu juegan todo el tiempo juegos horribles conmigo, pero con todo, al despertar me sentí cercano, a pesar de las brumas, a la felicidad. Y me sentí contento de tener la máquina cerca y dispuesta y me sentí feliz de levantarme y como primerísima cosa del día sentarme a escribir estas líneas con las que no pretendo nada más que escribir.
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