Aburre eso. No importa, para nada importa, en absoluto importa.
Ahora mismo estoy escuchando música a todo lo que da con los auriculares puestos. Fatboy Slim. Es como tener una discoteca en la cabeza. Retumban los auriculares, se inflan y desinflan con los golpes graves de la música los auriculares. A todo lo que da la música, hacia afuera nada, ni se enteran, hacia adentro, dentro de mi cabeza, en mi mente, estalla. Graves, agudos que taladran, son como unas heridas felices la música que taladra un poco, una rave privada de domingo a la mañana, domingo frío y gris, el típico domingo de otoño. Por delante otro domingo más y a la vez, claro, un domingo primero, inédito, único, inapresable. cada minuto cuenta , cada minuto fue y ya no volverá a ser. Ensayo unos pasos de baile, improviso solo acá en la soledad del escritorio. Pocos pasos me bastan para conectar profundamente con el placer que la música y el baile me deparan. Se calientan los dedos, se sueltan, se entusiasman golpeando rítmicamente las teclas sin que ninguna otra cosa importe en este momento, ahorea, y ahora y ahora y así cada segundo, cada milésima, cada micromillonésima de segunda, de tiempo, cada respiración, cada milímetro cúbico de aire que entra al cuerpo cada milimetro que recorre, se mete en la sangre, se mete en la piel, se mete en los organos, en la cabeza en las manos, en los pies, en todos lados, por todo el cuerpo el aire entra. Pasan los minutos ahora, la fiesta sigue a todo lo que da, Siempre, siempre está esa cosa de la fantasía de la super fiesta propia, qué boludez no? que hacer una buena fiesta sea la granb fantasía, la gran cosa postergada, demorada. Cuando digo la gran fiesta obviamente no me refiero a lo que podríamos decir fue la superfiesta de casamiento, o a a quél bonito cumpleaños, en todo caso lo más parecido a lo que intento decir seanlas primeras fiestas de Zapiola. Sí. Eso sería lo más parecido a lo que quiero expresar cuando digo la gran fiesta.
Siempre está el recuerdo de la fiesta que quise hacer y no pude en el departamento de mis abuelos en la calle Rodríguez Peña. Hace 30 años ya imaginaba una fiesta multimedia con pantalla gigante y proyecciones en fílmico. Nunca pude hacerla. Esa fiesta.
Punto. Basta. A otra cosa y a ninguna. Típico, tan t´pico de mí, esto de decir "tal cosa y a la vez tal otra".
Punto. Stop. Basta. Tengo todo un mediodía por delante para hacer qué? Toda esta montaña de cosas que tengo frente a mí en el escritorio, en los cajones, en los placares, en la bibliotec, en la cabeza, en la cocina, en la calle, en el campo, en la selva, en la tierra, en el aire.
Basta. Punto. Stop. Un delirio, un divague, cualquier cosa, cualquier verdura, pura fruta sin ningún valor ni literario, ni testimonial, ni creativo, ningún valor, cero, nada. Una cosa inservible, sin sentido, el más mínimo. Algo para ser escrito pero no para ser leído. Eso, ningún valor, líneas inútiles, basura... Qué salga del cuerpo todo lo que no sirve, que salga. Eso.
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