Son ahora las 5 y 20 de la tarde del día sábado 9 de mayo de 2009, estoy aquí sentado en mi sillón giratorio frente a la computadora y al lado del escritorio siempre desordenado, abarrotado de papeles y cosas por fuera y por dentro, estoy en silencio, sin música, sin televisión, sin nada más que el zumbido que viene del cpu y los sonidos que hacen mis dedos al percutir el teclado, además están los sonidos que llegan desde el exterior: ladridos, voces de vecinos, aviones que pasan , también trenes, algún pájaro, silencio de nuevo. Tengo como siempre mil cosas en la mente en la cabeza en el cuerpo, estuve hasta hace un rato viendo en la televisión la primer Duro de Matar que ya la ví 100 veces y no paré ni un instante de comerme las uñas al punto casi de lastimarme, obviamente no es que la película me pusiera nervioso, otras son las razones que claramente generan este estado. Estoy como tantas veces dividido en mis deseos, ganas, intenciones, tengo ganas de leer pero quiero ordenar o más bien debo, también tengo un impulso más o menos claro de irme a acostar al lado de mi mujer en la cama, también revisar papeles, también también también… voy a dedicarme un arto al escritorio ahora hasta donde creo, es bastante posible que antes vaya al baño, luego escuche un poco de música con los auriculares mientras ordeno y bastante seguro que ningún otro plan tenga sentido porque inevitablemente todo está destinado a desviarse. Tomo un trago de ginebra que ya no está tan fría como debiera y me pregunto si estar tomando aunque sea este solo vasito será en verdad una buena idea después de haberme tomado acaso dos copas largas de vino en el almuerzo. No me contesto. Ahora por ejemplo está pasando el tren y un perro ladra. Ahora escucho algo como un grito de un chico y ahora pasa otro tren esta vez imagino en dirección contraria al anterior mientras oigo ladrar casi seguro al mismo perro. Un bocina aguda como de moto. El zumbido de la computadora. Corrijo mi postura en el sillón y trato de poner derecha mi s espalda sin apoyarme en el respaldo, apoyo por completo mis pies en el suelo y siento todo el peso del cuerpo descansando sobre la cola en el almohadón que uso para estar un poco más alto, mantengo la mirada en el teclado porque no sé escribir sin mirar y cada tanto miro la pantalla para chequear cómo van las cosas ahí, aunque esto último carezca en este caso prácticamente de importancia. Me desperezo y oigo al hacerlo el sonido de algunos huesos crujiendo mientras vuelvo a oir a lo lejos al mismo perro ladrando. Tomo otro sorbo de la ginebra que ya está casi a temperatura ambiente por no decir caliente mientras oigo ruidos del otro lado de la pared. Siento la ginebra que quema la garganta y disfruto eso mientras me asaltan nuevamente pensamientos de culpa y arrepentimiento por no haberle ahorrado a ella información que sin duda podría haberle ahorrado. No sé porqué no me callé. Pensé en callarme y no me callé. Lo pensé y sin embargo… termino de un trago con lo último que quedaba en el vaso y me dispongo para irme al baño llevándome conmigo mi nuevo libro favorito.
…
Pasaron casi tres horas… en ese tiempo, como sabía, todo más o menos se desvió… escuché un poco de música, estuve un rato con ella rezando, miré televisión otro rato, chateé otro rato con un par de compañeros, estuve mirando unos videos cortos, tomé bastante mate, dí unos besos, pedí unas disculpas, hice unos mimos… y ahora me voy al supermercado.
….
Fui, compré, volví, piqué galletitas con queso, tomé cerveza, miré la tele, tomé de nuevo, comí un postre, miré más tele, fui y vine de un cuarto al otro, me tiré en la cama, me levanté, lavé los platos, me serví una copa de vino, tomé un sorbo, vine me senté… en el super caminé varias veces empujando el changuito con atención plena, fui y vine en bicicleta y al volver pensaba en lo agradable que era ese momento…
Ahora es la una menos cuarto de la mañana y estoy otra vez aquí sentado. Ya es el día siguiente, ya es otro día, otro momento, otro pedazo de vida.
Sigo…
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