lunes, 11 de mayo de 2009

ESCRIBO.

Ahora.
Escribo para cortar con todo. Escribo como quien tira un ancla y dice: acá. Paro. No del todo. Nunca. Nunca se para, menos del todo.

Escribo pra recoprdarm,e a mí mismo quién soy. Escribo para decir basta: no necesito nada ni nadie. Quiero decir no necesito de nada ni de nadie. Quiero decir: basta de esperar no sé qué cosas de los demás todo el tiempo. Basta de - por ejemplo- chequear los mails cada diez minutos para ver si tal o cuaql me contesta o me escribe o me ofrece tal cosa. Basta de esperar a nadie para estar definitivamente aca. Basta, me digo. Basta.
Paro. 
Sigo.
Escribo entonces, decía, yo, escribo para recordar quién soy, quién era, este me digo, soy este que escribe, vivo en este acto, vivo y me alejo de mis peores fantasmas, de mis mayores miedos, escribo y aparto de mi el abismo, la oscuridad, el tedio, la amargura, el arrepentimiento, la nada, el infinito como vacío, el infinito que me excede y que me ahoga , el infinito que me aplasta, que me saca, que me aleja...
Esto. Escribo para todo esto. EScribo para nadie y para todos, y casi pienso en este espacio público como si agarrara los cuadernos y cuadernos que durante años y años escribí y los agarrara ahora y los fuera tirando por ahí y quién sabe de pedo alguien agarra uno y lo abre y lo lee, o lee una página, cualquier cosa, lee y nada, yo ni me entero y no pasa nada. Pero nada.
De nada.
Sigo.
Y el vacío también.

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